El jaguar (Panthera onca) es el felino más grande del continente americano y el tercero del mundo, solo por detrás del tigre y el león. Reina en las selvas tropicales desde México hasta el norte de Argentina, aunque su territorio se ha reducido a la mitad en el último siglo. Comprender a este depredador es entender el pulso de la selva amazónica.
Pocas aves cuentan una historia tan singular como la del quebrantahuesos (Gypaetus barbatus). Es el único vertebrado del planeta cuya dieta depende casi por completo de huesos, y en la Península Ibérica ha pasado de rozar la extinción a protagonizar uno de los programas de recuperación más ambiciosos de Europa. Hoy, los Pirineos concentran la mayor población reproductora de Europa occidental.
El gorila de montaña (Gorilla beringei beringei) es uno de los primates más estudiados del planeta y también una de las pocas historias de conservación con final razonablemente esperanzador. Vive en un puñado de bosques nublados de África central, entre los 2.200 y los 4.300 metros de altitud, en un territorio compartido por tres países. Su población, aunque todavía pequeña, ha crecido de forma sostenida en las últimas dos décadas.
El rinoceronte blanco (Ceratotherium simum) es el segundo mamífero terrestre más pesado del planeta, solo por detrás del elefante africano. Un adulto puede rondar las 2,3 toneladas y medir hasta 1,8 metros de altura en la cruz. Pese a su tamaño, su historia reciente es la de un animal que estuvo a punto de desaparecer dos veces: una a finales del siglo XIX y otra ahora mismo, en pleno siglo XXI.
Hay pocas rapaces tan ligadas a un territorio como el águila imperial ibérica (Aquila adalberti). No vuela en ningún otro lugar del mundo: es endémica de la península ibérica y, durante décadas, estuvo al borde de desaparecer. Hoy, tras un esfuerzo de conservación sostenido, su historia se ha convertido en uno de los pocos casos de éxito reales entre las grandes aves amenazadas de Europa.
Las tortugas de tierra no son mascotas de temporada. Son animales que, bien cuidados, pueden acompañarte cinco o seis décadas, y en algunos casos superar los 80 años. Antes de llevar una a casa conviene entender que estamos ante un reptil silvestre, con necesidades térmicas, lumínicas y dietéticas muy específicas, y con una normativa legal estricta detrás.