Pocas plantas de interior tienen la trayectoria de la cinta (Chlorophytum comosum). La ves en salones, oficinas y cocinas de medio mundo, colgando con sus hojas arqueadas y sus estolones cargados de pequeños hijos. Es resistente, barata, casi indestructible… y encima tiene un pasado científico que la puso en el mapa: apareció en el famoso estudio Clean Air de la NASA de 1989 como una de las especies capaces de reducir contaminantes del aire doméstico.
El jaguar (Panthera onca) es el felino más grande del continente americano y el tercero del mundo, solo por detrás del tigre y el león. Reina en las selvas tropicales desde México hasta el norte de Argentina, aunque su territorio se ha reducido a la mitad en el último siglo. Comprender a este depredador es entender el pulso de la selva amazónica.
El gorila de montaña (Gorilla beringei beringei) es uno de los primates más estudiados del planeta y también una de las pocas historias de conservación con final razonablemente esperanzador. Vive en un puñado de bosques nublados de África central, entre los 2.200 y los 4.300 metros de altitud, en un territorio compartido por tres países. Su población, aunque todavía pequeña, ha crecido de forma sostenida en las últimas dos décadas.
Hay pocas rapaces tan ligadas a un territorio como el águila imperial ibérica (Aquila adalberti). No vuela en ningún otro lugar del mundo: es endémica de la península ibérica y, durante décadas, estuvo al borde de desaparecer. Hoy, tras un esfuerzo de conservación sostenido, su historia se ha convertido en uno de los pocos casos de éxito reales entre las grandes aves amenazadas de Europa.
En las selvas húmedas del sudeste asiático vive uno de los parientes más cercanos del ser humano: el orangután de Borneo (Pongo pygmaeus). Comparte con nosotros cerca del 97% del ADN, pasa casi toda su vida en los árboles y, sin embargo, está al borde de la desaparición. La UICN lo clasifica como En Peligro Crítico (CR) desde 2016.
El oso pardo cantábrico es uno de los grandes mamíferos más emblemáticos de la fauna ibérica. Hablamos del mismo oso pardo (Ursus arctos) que habita en gran parte de Eurasia y Norteamérica, pero de una población aislada en el noroeste peninsular, genéticamente diferenciada y con una historia reciente que merece la pena conocer.