El rinoceronte blanco (Ceratotherium simum) es el segundo mamífero terrestre más pesado del planeta, solo por detrás del elefante africano. Un adulto puede rondar las 2,3 toneladas y medir hasta 1,8 metros de altura en la cruz. Pese a su tamaño, su historia reciente es la de un animal que estuvo a punto de desaparecer dos veces: una a finales del siglo XIX y otra ahora mismo, en pleno siglo XXI.
Pocas plantas aromáticas dan tantas alegrías —y tantos disgustos— como la hierbabuena (Mentha spicata). Basta con plantarla una vez en el suelo del jardín para descubrir, meses después, que ha aparecido a tres metros de distancia, entre las lechugas y bajo el rosal. Su fama de invasiva no es leyenda: es pura biología.
La albahaca (Ocimum basilicum) es una de las aromáticas más compradas y, a la vez, una de las que más rápido acaba en la basura. Pasa en casi todas las cocinas: llega verde y lozana del supermercado, y a los diez días está mustia, con las hojas negras y el tallo blando. No es mala suerte. Es que casi ningún ejemplar del súper está pensado para durar, y los cuidados que necesita esta planta son bastante específicos.
Si tienes un perro (Canis lupus familiaris) en casa, seguro que has interpretado cientos de veces el movimiento de su cola. Cola arriba y meneándose: contento. Cola baja: triste. La lectura popular es tan intuitiva como incompleta. La etología moderna lleva dos décadas demostrando que la cola funciona más como un indicador de activación emocional que como un termómetro de alegría.
Hay pocas rapaces tan ligadas a un territorio como el águila imperial ibérica (Aquila adalberti). No vuela en ningún otro lugar del mundo: es endémica de la península ibérica y, durante décadas, estuvo al borde de desaparecer. Hoy, tras un esfuerzo de conservación sostenido, su historia se ha convertido en uno de los pocos casos de éxito reales entre las grandes aves amenazadas de Europa.
Pocas plantas resumen tan bien el paisaje mediterráneo como el romero (Rosmarinus officinalis). Lo encuentras trepando por laderas calizas, perfumando un asado o floreciendo en pleno enero cuando casi nada más lo hace. Es aromática, ornamental, melífera y medicinal a la vez, y aguanta con pocas exigencias tanto en un jardín como en una maceta del balcón.
Las tortugas de tierra no son mascotas de temporada. Son animales que, bien cuidados, pueden acompañarte cinco o seis décadas, y en algunos casos superar los 80 años. Antes de llevar una a casa conviene entender que estamos ante un reptil silvestre, con necesidades térmicas, lumínicas y dietéticas muy específicas, y con una normativa legal estricta detrás.