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Solitarios de la naturaleza

10 mayo 2009

Rinoceronte negro

Muchas animales viven en grupos, pero otros prefieren estar solos. Los solitarios no buscan compañía de su misma especie más que en el momento de la reproducción.

Los animales que viven en familia, tienen algún tipo de organización social: siempre hay alguno que toma el mando y otros que los obedecen. En cambio, los solitarios se aíslan en un aérea que es su territorio y que defienden con uñas, garras, dientes u otras armas que la naturaleza les dio.

Su paciencia para tolerar a otros de su misma especie se agota enseguida, por eso el rinoceronte negro adulto es un animal muy solitario. Muy de vez en cuando se une a otros para formar un grupo en el que no existen ni un fin determinado ni una organización social. Sin embargo, en las épocas de reproducción las cosas son diferentes: varios machos cortejan a una misma hembra por la que compiten entablando feroces luchas.

Durante la mayor parte del año, los osos (machos y hembras) tienen hábitos solitarios. Sólo se acercan en la primavera, época en que se aparean. Después de la fecundación el macho se aleja y la hembra construye una cueva: la osera. La gestación dura ocho meses y al nacer los oseznos pesan solo medio kilo, un tamaño extremadamente pequeño comparado con el de su madre, cuyo peso es de 300 kilogramos.

Los insectos (con excepción de los sociales: hormigas, termitas y abejas que viven en grupos) son animales solitarios. Solo se buscan para reproducirse. Dentro de este grupo, los mántidos (que aquí llamamos “tata dios”) son muy agresivos a tal punto que durante a reproducción la hembra ataca al macho y le devora la cabeza. Sin embargo, a pesar de este grave incidente, la copula se realiza. El sistema nervioso de estos animales está fragmentado y el apareamiento no es controlado por la cabeza.

La hembra del okapi –un mamífero pariente de las jirafas- solo acepta permanentemente la compañía de su pequeño hijo. Pero en época de reproducción esta conducta cambia y permite que varios machos se acerquen y compitan por ella.

Fuente | Revista Genios

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