Si tienes un perro (Canis lupus familiaris) en casa, seguro que has interpretado cientos de veces el movimiento de su cola. Cola arriba y meneándose: contento. Cola baja: triste. La lectura popular es tan intuitiva como incompleta. La etología moderna lleva dos décadas demostrando que la cola funciona más como un indicador de activación emocional que como un termómetro de alegría.
Si convives con un gato, sabrás que su repertorio vocal va mucho más allá del clásico "miau". El gato doméstico (Felis catus) es uno de los mamíferos con un abanico sonoro más amplio entre los animales de compañía: se han descrito más de 20 vocalizaciones distintas, aunque la mayoría se agrupan en torno a siete grandes categorías.
Estás tumbado en el sofá, tu gato se acomoda encima de ti y, de pronto, empieza a apretar rítmicamente sus patitas delanteras contra tu barriga o sobre la manta. A veces ronronea, a veces incluso babea un poco con los ojos entornados. Ese gesto tan característico tiene nombre técnico, una explicación etológica fascinante y, sobre todo, un significado muy bonito.
Si vives con aves, seguramente te preguntas cómo evitar el aburrimiento y el estrés en el día a día. Ahí entra el enriquecimiento ambiental para pájaros en cautiverio: un conjunto de estímulos que mejoran su salud física y mental. El bienestar animal depende más de la rutina que del espacio, aunque el espacio importa. El comportamiento de picaje suele deberse a falta de estímulo o a estrés crónico, no solo a “mal carácter”. Crear pequeñas oportunidades de exploración y reto, varias veces por día, cambia el panorama.
Según ha confirmado un grupo de científicos formado por un equipo de estadounidenses y rusos, las crías de los delfines y orcas no duermen durante su primer mes de vida. Para una madre 'humana' esto sería sin duda toda una pesadilla ya que un mes de insomnio y de cuidados intensivos a su bebé podría con cualquiera.