6 mayo 2010 Curiosidades, Salvajes

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Muchas veces asociamos el amor eterno a ciertas especies del reino animal mientras que otras las vemos como sacadas de Sodoma y Gomorra. Por lo general, siempre hemos visto a las aves como animales que cuidan a su pareja para toda su vida, pero se ha demostrado que no es así. En el mundo de las aves también existen infidelidades, separaciones e incluso el abandono de crías.

Esta conclusión se extrae de los estudios sobre relaciones sociales entre aves llevado a cabo por la etóloga Bridget Stutchbury en su último libro, ‘The Bird Detective. Investigating the secret lives of birds’ (El detective de los pájaros. Investigando sus vidas secretas), basado en más de 20 años de estudios del comportamiento de varias especies de aves.

En su investigación, la autora trata de responder cuestiones como por qué algunas especies eligen vivir en soledad mientras que otras prefieren ser parte de grandes grupos, o el por qué de que algunos padres tratan de forma distinta a sus crías dependiendo de su sexo. Para ello se centró en el estudio de los pájaros cantores, observando que existe más infidelidad en el caso de los que migran miles de kilómetros en el norte de América que los que viven fijos en znas tropicales.

Además, la autora recalca que las aves son muy sensibles a los cambios ambientales haciéndoles cambiar sus hábitos para adaptarse a la nueva situación y lograr sobrevivir. Por ejemplo, el cambio climático está provocando el adelanto en la puesta de huevos, según la etóloga. Del mismo modo, algunos pesticidas o la polución de las ciudades pueden modificar su capacidad para cantar. Cuando la deforestación les obliga a emigrar pierden parcialmente sus colores brillantes y sus elaborados cantos.

En cuanto a la diferencia entre sexos, la autora lo relaciona con la capacidad de poner huevos de las hembras. Según Stutchbury, los machos pueden inseminar a muchas hembras. Por tanto, los pájaros con rasgos más atractivos resultarán más favorecidos con el tiempo a la hora de repdroducirse. “El comportamiento de los machos se asocia con copular con muchas hembras sin tener que elegir demasiado” según la científica. Por el contrario, las hembras ponen un número limitado de huevos, “tienen más trabajo que los machos y son mucho más exigentes a la hora de elegir a su pareja”, concluye la autora.

Vía | ElMundo.es

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