26 diciembre 2009 Medio Ambiente, Noticias

sol

La luz solar (radiación electromagnética) es la principal fuente de energía que recibe la Tierra. Gracias a ella, el planeta puede sostener la vida como la concebimos hoy.

Del total de la energía solar recibida por la tierra, un 30 por ciento es reflejada por las nubes y partículas presentes en la atmosfera, volviendo al espacio exterior, un 14 por ciento es absorbida por la atmosfera y sólo un 56 por ciento llega a la superficie terrestre. Los océanos y los continentes absorben parcialmente esa energía. Mientras que otra parte vuelve a la atmosfera como calor irradiado y reflejado. Algunos componentes de atmosfera, principalmente CO2 y vapor de agua, y otros gases, retienen el calor.

Este efecto es deseable y necesario para la vida, pero el incremento más allá de la concentración normal de carbono (CO2), provoca una retensión de calor mayor a la normal.

Actualmente, la concentración de CO2 en la atmosfera está aumentada en un 26 por ciento respecto del valor normal. Esto produce una mayor retención de calor y, por lo tanto, un incremento de la evaporación de agua de la superficie del planeta. Como consecuencia, se da el aumento de la nubosidad, contribuyendo a la retensión del calor irradiado y reflejado por la tierra (como ocurre en un invernadero). Si no se reduce las emisiones de CO2 y se aumenta las masas forestales, este ciclo seguirá retroalimentándose y consecuentemente continuará aumentando la temperatura media del planeta.

Se estima que para el año 2030, se habrá duplicado el CO2 atmosférico y el nivel del mar se habrá elevado 50 centímetros más (ya aumentó de 12 a 35 cm), debido a los deshielos de los casquetes polares y glaciares. Las consecuencias de esta elevación media del nivel del mar pueden tener en el futuro próximo profundas consecuencias en lo que se refiere a la inundación de tierras productivas y ciudades costeras, debido a que el 80 por ciento de la población mundial vive en dicha zona.

Si este proceso se acelerase, puede ocurrir algo aun más complejo que cosiste en un aporte masivo de agua dulce al océano, el que podría detener las celdas de circulación oceánica. Ello seria determinante de una violenta glaciación. El fenómeno parece haber ocurrido hace unos 12.000 años.

Fuente | Alertas ambientales – Ediciones La Llave

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