25 abril 2008 Noticias, Peligro de extinción

Rebeca, Fernanddo y Jane Goodall
La gallega Rebeca Atienza y el madrileño Fernando Turmo dirigen una reserva de chimpancés en la República del Congo; de ellos y su trabajo dependen 139 chimpancés, la mayoría víctimas, junto a sus madres, de los cazadores furtivos.

Fernando, publicista y Rebeca, Veterinaria, están al frente de la reserva de chimpancés de Tchimpounga, creada en 1996 por el Instituto Jane Goodall, para salvar y reinsertar en su ambiente natural a los chimpancés que quedan huérfanos por la caza furtiva; con estos primates compartimos el 99% del ADN y pueden fabricar utensilios, transmitir diversas culturas y comunicarse como los niños.

Tchimpounga es una reserva de más de 7.200 hectáreas, a 50 km., de Punta Negra. Tiene cuatro hectáreas valladas para refugio de los chimpancés; la caza ilegal está muy extendida y ha llegado al límite de capacidad, obligando a sus responsables a buscar nuevos lugares de emplazamiento para sus criaturas.

La solución mejor es comenzar a reintroducirles en su entorno natural, pero ello requiere un área despoblada, ya que están acostumbrados a los humanos. Hemos encontrado tres islas en el río Kouitu que nos permitirían desplazar allí un grupo estable y soltarles, aunque controlados por collares. También enseñaremos a los cuidadores a seguirles por la selva y su presencia espantará a los furtivos“, explica Rebeca.

Ambos se encuentran en España para dar dos conferencias sobre su trabajo; insisten en el genocidio que se ha producido; aún así, existen chimpancés en África, calculándose que quedan unos 150.000 del millón y pico de principios del siglo XX; en Tchimpounga, en estado salvaje, solo hay unos 30.

“La ley los protege pero casi nadie la aplica. Lo normal es que el cazador despiece y ahúme a la madre delante de su bebé. Imagina el trauma. Luego a él lo mete en un saco y lo vende como animal doméstico. Allí enferman y están malnutridos. Cuando crecen, comienzan a molestar en las casas y acaban en Tchimpounga, donde llegan muy mal. Otras veces, los traen los policías, entre los que se está haciendo una campaña de concienciación“.

Vía | el mundo

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