16 diciembre 2009 Curiosidades, Salvajes

presas

Los castores tienen dos razones para derribar los árboles. Por una parte les gusta mucho comer la corteza tierna de las ramas altas, por otra parte, hesitan de manera imprescindible los troncos y las ramas bajas para construir y reparar sus presas.

Parten el tronco en trozos de longitud conveniente por término medio de 1.50 metros. Esta dimensión está en función de la distancia al embalse, cuanto mayor sea ésta, más corto será el trozo o el corte. El trasporte se hace frecuentemente por agua y en este caso, el castor excava un canal.

Esta empresa inverosímil reclama a menudo mucho más tiempo que la reconstrucción d la presa misma, a veces hay presas que han entrado en servicio después de muchos años, rodeadas de canales de más de 150 metros. Después de haber derribado los árboles más próximos ha sido preciso prolongar los canales.

Los leños transportados hasta la presa son de madera muy verde, fácil de sumergir. Para hundirlos en el agua, el castor los carga de piedras y de barro. Los dispone paralelamente al sentido de la corriente del arroyo, a pesar de que las aguas al saltar tienden a colocaros de frente en sentido transversal. Piedras, ramas, hojas muertas tierra y en ocasiones, alguna cornamenta de ciervo o de alce, todo esto lo echa encima.

En poco tiempo se erige una hermosa presa, que constituye un lago lo bastante profundo para permitirles a los castores ir y volver por debajo del helo. La longitud de estas presas está condicionada por la importancia de los arroyos. Una presa record n un embalse de Montana media 650 metros de longitud.

Fuente | Revista Genios

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