2 noviembre 2009 Bioficha, Curiosidades, Salvajes

caballo criollo

Nos surge en este último artículo sobre los caballos una pregunta: ¿Cómo debe ser entonces la constitución del caballo de silla, menos puro pero más versátil? Cuando lo que impera es la contabilidad, se busca aquel que por su buen temperamento y su carácter se adapte a cualquier tipo de modalidad ecuestre. Por un lado, para mantener la raza, generalmente se cruza cada diez generaciones un semental de pura sangre inglés con una yegua, cuyo tipo, temperamento, morfología y sus aptitudes estén de acuerdo con las características de la descendencia que se desea obtener.

Por el otro, se realiza una rigurosa selección de los mejores potros. En muchos casos cuando cumplen los tres años se los somete a un test de rendimiento de cien días de tal dureza que de la treintena de sementales que participan, posiblemente sólo 15 obtengan la clasificación suficiente para ser acoplados con yeguas de la misma calidad y trasmitir sus características.

Queda aún una cuestión que hoy tiene actualidad. ¿Para qué nos sirve ahora el caballo si también lo hemos jubilado, felizmente, de su función bélica o lo hemos sustituido como bestias de carga? ¿Por qué sigue habiendo tantos caballos en el mundo como cuando eran indispensables para el uso del hombre? Quizá porque nosotros, al contrario de nuestros antepasados, no mantengamos exclusivamente una actitud practica frente a él y podamos permitirnos por primera vez el lujo de tenerlo más como amigo para nuestro ocio que como compañero de trabajo.

Fuente | Revista Genios

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