9 noviembre 2009 Curiosidades, Flora

raices

De todas las maravillas que se suceden en el suelo, la más rara es el viaje subterráneo de las raíces y la forma de buscar agua que tienen. Escondidas a nuestra vista, las raíces son, sin embargo, la parte más voluminosa de las plantas y la que crece más rápido. Un investigador al medir las raíces y las raicillas de una mata de centeno en invierno comprobó que su superficie era cien veces mayor que la de la planta aérea.

Más increíble todavía es la rapidez con que crecen estas raíces. Si se cuenta no solamente las raíces principales, sino también los millares de millones de filamentos blancos microscópicos que se agregan allí, se comprueba que la velocidad de crecimiento de estas raíces alcanza unos pasmosos términos medios.

Este poder de extensión es verdaderamente sorprendente. ¿Cómo es posible que una cosa tan flexible como un hilo pueda penetrar en el suelo que parece tan sólido? ¿Qué mecanismo hace posible este avance subterráneo?

La extremidad de cada raíz está cubierta con una cofia, a manera de un casquete, que se hunde como una cuña. Esta cuña se ve empujada hacia delante con una presión del orden de los 200 gramos por centímetro cuadrado, pudiendo alcanzar hasta una presión de 7 libras por centímetro cuadrado cuando la raíz se inserta entre las partículas de tierra.

Esta cuña es la que abre el camino. Rodea los obstáculos que se oponen a su paso, y la raíz la sigue serpenteando, tomando las formas sinuosas que le impone.

Cuando pensamos en las raíces, la imagen que nos hacemos es familiar, la del pie de un árbol arrancado por una tormenta: una cabellera desordenada formada por brazos nudosos, espesos, retorcidos, entrelazados con ligaduras más flexibles. Pero estas raíces gruesas no son sino los pivotes que sirven para fijar el árbol al suelo. Las que le dan la vida no son ni gruesas ni pardas, ni viejas, ni rígidas, sino que son blancas y no más gruesas que los hilos de una telaraña.

La extremidad de las raíces, inmediatamente después de la cofia o pilorriza, se rodea de filamentos blancos, pelos absorbentes, cuya misión es la de absorber el agua entre los detritos minerales de las hosquedades, con las paredes húmedas. Estos millones de hilos sedientos, finos como agujas, se introducen en todos los espacios vacios, y cuando uno de ellos alcanza a un grano de arena impregnado de agua, se detiene, lo rodea estrechamente y absorbe toda su humedad.

Fuente | Revista Genios

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