3 mayo 2010 Curiosidades, Noticias, Paleontología

Mamut lanudo con hemoglobina resistente al frío

En una extraordinaria investigación llevada a cabo por científicos canadienses y australianos, se llegó a la conclusión de que el mamut transportaba en su sangre una especie de anticongelante, lo que le permitía sobrevivir sin problemas en los ambientes de frío extremo. Hasta ahora, se creía que solamente su espeso pelambre y su gruesa capa de grasa eran lo que protegía al animal de las condiciones climáticas. Pero no sólo la conclusión es sorprendente, sino que el experimento en sí presentó particularidades: los investigadores lograron “resucitar” una proteína de la sangre, la hemoglobina, de un ejemplar de mamut lanudo.

La hemoglobina es una proteína que se encuentra en los glóbulos rojos y es la encargada de transportar el oxigeno al organismo pero esa capacidad se ve alterada por el frío. Los científicos pudieron concluir que, gracias a una adaptación genética, la sangre del mamut pudo evitar ese impedimento. El profesor canadiense Kevin Campbell, uno de los responsables del estudio, dio que “con estas moléculas de hemoglobina resultantes, fue como si hubiéramos regresado en el tiempo para tomar muestras de sangre de un mamut real”.

Los antepasados comunes de los mamuts y los actuales elefantes, vivieron en la calurosa África ecuatorial. Hace unos 2 millones de años, algunos individuos del mamut emigraron hacia el norte. La adaptación genética de los mamuts, que no está presente en sus parientes, los elefantes, fue decisiva para la aventura de la exploración de los nuevos ambientes, muy fríos, en el Pleistoceno. Sin ese cambio, los animales hubieran perdido más energía durante los inviernos y, por lo tanto, hubieran tenido que reemplazar esa carencia comiendo más. Los investigadores aseguran que estos gigantescos animales se convirtieron es seres insensibles ante el frío.

Otro dato interesante es que el mamut desarrolló orejas chicas y cola corta para ahorrar energía, al contrario del elefante que evolucionó hacia el desarrollo de sus enormes orejas, como pantalla dispersora de calor para adaptarse a las altas temperaturas de su hábitat natural. El profesor australiano Alan Cooper, quien dirigió el estudio, dijo que “fue extraordinario haber podido revivir una compleja proteína de una especie extinta y descubrir cambios importantes que no se ven en ninguna especie viva”. Sin dudas que esta interesante investigación tiene características tan particulares que se destaca de otras tantas, que a veces vemos, y que parecen ser cosas intrascendentes.

Vía | BBC

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  1. Bitacoras.com 3 mayo 2010

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