31 diciembre 2009 Bioficha, Curiosidades, Salvajes

cebras

Después de los antílopes, las manadas más extendidas en África son las de las cebras. Estos animales parecen caballos de juguetes porque son un poco más pequeños y gruesos, y además porque la extravagancia de sus rayas hace pensar en cualquier animal de circo. Muchas veces, cuando trotan todos juntos, inclinando sus cabezas al unísono, parece que estás presentando un número de circo. Sin embargo, nadie las ha podido domesticar jamás.

Todas las tentativas hechas para ensillarlas o engañarlas han resultado vanas. Nerviosas y siempre alerta, son peligrosas cuando disparan sus coces. Por otra parte, no se acostumbran a vivir aisladas. Parece que es indispensable la presencia de sus semejantes. En las altas mesetas están siempre en rebaños, comen el heno juntas, trotan en compañía y se baten a coces por ser las primeras en acerarse al agua.

Las rayas son un camuflaje para pasar desapercibidas, especialmente es de mucho éxito en la hora más crítica de todas para las cebras: la de la puesta del sol. Es en el momento en que se despiertan los leones, se desperezan, lanzan un terrible rugido y salen en búsqueda de su comida. Nada les atrae tanto como una buena pierna de cebra. En este instante, la hierba de los prados y los macizos de acacias se encuentran rayados por largas barras de sombra y de luz. Confundidas entre estos entrelazamientos las cebras inmóviles son casi invisibles. Sólo son temibles entonces las moscas, puesto que el menor movimiento para ahuyentarlas las expone a llamar la atención de la fiera.

Las rayas habitualmente distribuidas en sentido transversal no son paralelas, círculos por encima del dorso, galones sobre la cabeza y anillos alrededor del cuello y de las patas. Son así una protección mucho más eficaz de lo que serian las rayas trazadas en sentido longitudinal.

Por el contrario, expuesto a pleno sol, el animal es muy visible. Los pelos blancos entre las oscuras rayas negras, amplían la luz y visto desde lejos, el pelaje construye una mancha blanca. Pero a la hora en que el sol está alto sobre el firmamento no caza el león.

Si se desplaza, cambiando una sombra por otra, ocasionalmente puede pasar cerca de los rebaños. Entonces se ve cómo lanzan una mirada a la dirección de la fiera y se apartan para dejarle el paso libre y reemprender a continuación su comida interrumpida.

Fuente | Revista Genios

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