17 octubre 2011 Flora

Los alcornoques, encinas y robles pertenecen al género Quercus

Estos árboles pertenecen al género Quercus, dentro de la familia de las fagáceas. Por el estudio de algunos fósiles, se estima que se originaron hace noventa millones de años. La bellota es el fruto de las tres especies, caracterizada por su capuchón o cúpula.

Los alcornoques, encinas y robles son árboles longevos y de crecimiento muy lento. Los tres se encuentran en los bosques de las zonas templadas del hemisferio norte. El nombre del género (Quercus) proviene de la palabra quercuez, de origen celta, que significa árbol hermoso.

Del alcornoque (Quercus suber) destaca su gruesa corteza o corcho, muy apreciada por las industrias transformadoras (tapones, aislantes y tejidos). Presenta un aspecto semejante al de su hermana, la encina. Tras la extracción del corcho, al tronco de los árboles les caracteriza un color rojizo o marrón. Aún hoy, las labores de la saca se realizan manualmente, con la única ayuda de un hacha. El alcornoque precisa nueve años para producir su valiosa capa corchera.

La encina es el árbol predominante en las dehesas del suroeste de la Península Ibérica. Su característica silueta, marcada por su copa redondeada, está presente también en zonas de las dos castillas y Comunidad de Madrid. Se conocen ejemplares con más de setecientos años. Este árbol florece durante los meses de abril y mayo. En sus ramas, brotan flores masculinas y femeninas. Las primeras son más abundantes y brillantes que las segundas.

Las encinas han tenido, durante siglos, una importante función económico-social, pues sus bellotas han servido para alimentar al ganado y al hombre, en determinados momentos de la historia. El ecosistema del bosque mediterráneo no se entiende sin este árbol, que soporta perfectamente la escasez de agua y las altas temperaturas del verano. La enfermedad de la seca se ha convertido en el peor enemigo de las encinas. Se trata de una enfermedad fúngica, que en su estadío más avanzado provoca la muerte del árbol.

El roble es otra especie muy conocida, dentro del género Quercus. Es un árbol robusto, que produce una excelente madera dura y pesada. Posee gran resistencia a la humedad, motivo que justifica su empleo en la construcción naval. Su madera también se ha utilizado, tradicionalmente, para fabricar barricas, cubas y toneles de vino. La corteza es rica en tanino (sustancia natural empleada en el curtido de pieles). El roble común es habitual en el norte de España. Un ejemplo de esta subespecie es el Árbol de Guernica, ejemplar centenario cuyo tronco se conserva en la Casa de Juntas de aquella localidad.

Vía | Aulaga
Foto | Flickr-Julen Iturbe

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