Si buscas una planta de interior que aguante lo que le eches (o lo que se te olvide), la planta ZZ es probablemente la campeona indiscutible. Su nombre científico es Zamioculcas zamiifolia, y lleva un par de décadas convirtiéndose en la favorita de oficinas, pasillos oscuros y pisos con ventanas orientadas al norte. Aguanta semanas sin riego, tolera la sombra y crece despacio pero constante.
El jaguar (Panthera onca) es el felino más grande del continente americano y el tercero del mundo, solo por detrás del tigre y el león. Reina en las selvas tropicales desde México hasta el norte de Argentina, aunque su territorio se ha reducido a la mitad en el último siglo. Comprender a este depredador es entender el pulso de la selva amazónica.
La salvia común (Salvia officinalis) es una de esas plantas que resuelven varios problemas a la vez. Aromatiza guisos, decora un rincón soleado del balcón y aguanta veranos secos sin quejarse. Lleva siglos en huertos monásticos, boticas y cocinas del Mediterráneo, y hoy sigue siendo una elección segura tanto si empiezas con aromáticas como si buscas una planta ornamental de bajo mantenimiento.
El pez betta (Betta splendens) es uno de los peces de agua dulce más populares del mundo, y también uno de los peor entendidos. Su fama de "pez fácil que vive en un vaso" ha causado más muertes prematuras que cualquier enfermedad. La realidad: es un pez tropical exigente, con necesidades muy concretas de espacio, temperatura y filtración.
Pocas aves cuentan una historia tan singular como la del quebrantahuesos (Gypaetus barbatus). Es el único vertebrado del planeta cuya dieta depende casi por completo de huesos, y en la Península Ibérica ha pasado de rozar la extinción a protagonizar uno de los programas de recuperación más ambiciosos de Europa. Hoy, los Pirineos concentran la mayor población reproductora de Europa occidental.
El orégano (Origanum vulgare) es una de esas plantas que agradecen el olvido. Aguanta el calor, tolera suelos pobres y, cuanto menos la mimas, más concentra sus aceites esenciales. Por eso es una candidata perfecta para quien empieza con las aromáticas en un balcón soleado o en una esquina del huerto.
Adoptar a un gato adulto (Felis catus) es una de las decisiones más agradecidas que puedes tomar. Pero también una de las que más paciencia exige. A diferencia de un gatito, el adulto llega con una historia detrás: puede haber vivido en la calle, en una colonia, con otra familia o encerrado en una jaula de protectora durante meses.