12 junio 2009 Curiosidades

pollo de Olsen

Un accidente de granja y algunos experimentos científicos (realizados solo con animales) han demostrado que es posible vivir casi sin cabeza o ‘resusitar’ después de una muerte súbita. Eso si, siempre y cuando queden ciertas funciones biológicas intactas.

Resucitar con electroshock
En el año 2005, mientras realizaban investigaciones en el área de medicina paliativa, los científicos del Safar Center of Resuscitation Research de la Universidad de Pittsburg (Estados Unidos) lograron revivir a varios perros. Les extrajeron la sangre a los animales y la sustituyeron por una solución salina muy glucosa, enfriada con oxigeno, con lo cual los animales tuvieron una muerte clínica. Horas más tarde les sacaron la mezcla, les devolvieron su sangre y les aplicaron electroshock. Todos ellos resucitaron y sólo unos pocos canes sufrieron daños permanentes.

La historia de Mike
Mike era un pollo que la familia Olsen tenía en su granja de Colorado (Estados Unidos). Un día, en el verano del año 1945, estuvo a punto de convertirse en el plato principal de la cena. El padre era el encargado de sacrificarlo cortándole el cogote con un hacha, como hacia habitualmente. Pero, esta vez, calculó mal y luego del hachazo, el pollo semidecapitado salió caminando y arreglándose las plumas. Es que el hombre no le había cortado la yugular y un coagulo impidió que se desangrara. El pollo sobrevivió un año y medio, gracias a que Lloyd lo alimentaba inyectándole comida con una jeringa por el esófago. En ese tiempo, Mike engordó más de dos kilos y se transformó en una atracción de la feria del pueblo. Gracias a él, Olsen ganó más de 4.500 dólares al mes, pero el negocio concluyó cuando el pobre pollo se asfixio durante una gira por Arizona.

Cabezas que viven solas
El documental ‘Experimentos en la reanimación de organismos’ que se diera a conocer en el año 1940 muestra las experimentaciones realizadas por el científico soviético Sergei Bryukhonenko, inventor del autojektor –un corazón pulmón artificial- en un corazón canino. Podía verse como latía el órgano, que estaba unido a unos tubos y a un pulmón externo de un perro, que al ser mantenida con sangre oxigenada respondía a estímulos externos. El científico también provoco la muerte clínica a un perro, le extrajo la sangre y 10 minutos después, al conectarlo al autojektor recuperó su ritmo cardiaco y respiratorio. Más tarde el científico aseguro que había logrado que las cabezas sobrevivieran unos minutos y los perros unos cuantos días.

Fuente | Revista Muy Interesante

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