21 noviembre 2008 Curiosidades, Medio Ambiente, Paraiso Natural

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No creo que nunca os hayáis aparado a pensar si podría existir alguna relación entre la Selva Amazónica y el Desierto del Sahara, pues por lo visto si existe, la verdad es que yo tampoco me imaginaba que existía hasta que leí un articulo en una revista científica.

La distancia que existe entre la selva tropical sudamericana y la gran meseta desértica del Sahara es de aproximadamente 5 000 kilómetros.

Estudios recientes, realizados por investigadores del Instituto Weizmann de Israel, han demostrado que de los 240 millones de toneladas de polvo que el desierto del Sahara expande por el planeta, 50 millones llegan a América del Sur. Estos contiene una gran cantidad de minerales, los cuales funcionan como abono para la selva tropical. Antes de este estudio se pesaba que la cantidad de polvo que llegaba a la selva era de un tercio, a ahora se sabe que no es así, ya que la cantidad que llega es mayor.


Este proceso nos demuestra la gran cantidad de relaciones que se producen en el planeta, y de las cuales no sabemos apenas nada. Estas relaciones forman entre si lo que se denomina un sistema complejo.

Por ejemplo uno de estos sistemas es el clima mundial, y dentro de el la Selva Amazónica, ya que esta contribuye a la regulación del clima.

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Según el diario “O Globo“, esta porción de bosque abarca 4,1 millones de kilómetros cuadrados y cubre el 60% del territorio brasileño. Asimismo, se estima que una quinta parte de este gran ecosistema ha sido deforestado; y que para el 2030 se podría incrementar en un 20% el territorio deforestado.

Según sus estudios realizados por la World Wide Fund for Nature (WWF), 55% del territorio amazónico se verá afectado en los siguientes 20 años, principalmente debido a la demanda de carne vacuna y de soja. Para las personas que viven en los alrededores a la selva, es más rentable dedicarse a la agricultura y a la ganadería que conservar los bosques. Así, el daño no es solo a nivel local, sino a nivel global. Los árboles captan la humedad de los suelos y la liberan en forma de vapor de agua. Donde no hay árboles, no se libera vapor de agua, evitando que se formen las nubes portadoras de las lluvias que alimentan a la selva amazónica y a otras regiones del continente.

Para la WWF, la reducción de las lluvias se hará cada vez más frecuente cuando las extensiones de selva amazónica deforestadas sobrepasen el 30% de su composición original.

Además de la gran influencia que tiene la población vegetal en las lluvias, esta cumple un papel muy importante en el equilibrio de la cantidad de CO2 en la atmósfera. La masa forestal de la selva amazónica almacena entre 90 y 140 billones de toneladas de dióxido de carbono. Dicha cantidad representa la cantidad aproximada del mismo gas que se libera a través de las actividades productivas del hombre a lo largo de entre 9 y 14 años.

La deforestación de los bosques en Brasil genera cerca de 400 millones de toneladas de CO2, lo que representa casi el 80% de la producción total de gases de invernadero de dicho país. Una hectárea de este bosque puede fijar entre 90 y 545 kilos de dióxido de carbono de la atmósfera y convertirlo, a través de la fotosíntesis, en oxígeno y carbohidratos.

Como conclusión se puede decir que todo el planeta está interrelacionado entre sí, y cualquier actuación que se lleve a cabo tendrá repercusiones en otro lugar.

Vía | Infoecología

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