29 septiembre 2009 Medio Ambiente, Noticias

Tormenta de arena en Australia

Parece una mentira o el argumento de una película de ciencia ficción: organizaciones ambientalistas están denunciando que la tormenta de arena que se desató en Australia contiene partículas radioactivas. ¿Estaremos presenciando otro Chernobyl? ¿No aprenderemos la lección jamás? ¿Ya no nos importa más nada y estamos abatidos por la resignación? ¿O tal vez se trata de una simple opinión alarmista?

Los denunciantes afirman que los fuertes vientos arrastran -además de una estética pero letal arena rojiza-, partículas de uranio provenientes de una mina. Los científicos parecen no darle crédito a esta afirmación y aseguran que no hay motivos para preocuparse. Barry Noller, vocero de la Universidad de Queensland dijo que MUCHAS de las partículas son demasiado pesadas como para ser arrastradas por el viento. “MUCHAS” significa que no son TODAS ¿no es así? Entonces, nos faltaría saber cual es el destino final de ALGUNAS de las peligrosas partículas. Mister Noller no fue tan explícito como para dejarnos tan tranquilos. Los ecologistas insisten: el fenómeno pone en grave riesgo a millones de australianos. ¿A quiénes les creemos?

Entre otras importantes ciudades, Brisbane y Sydney, el pasado miércoles 23 de septiembre de 2009 recibieron a la primavera austral tapadas por la tormenta de arena más furiosa de los últimos 70 años. Las personas que sufren de enfermedades respiratorias se vieron peligrosamente afectadas por el inusual acontecimiento, aunque, de confirmarse esta alarmante teoría, deberían alegrarse si solamente sienten los efectos del asma o de la insuficiencia cardiaca.

Los meteorólogos afirman que los vientos se perderán en el mar en pocos días y Mister Noller insiste que “en una gran tormenta de este tipo, el polvo no va a venir de un sitio aislado, va a estar mezclado con partículas de un área extensa y se diluye considerablemente”. Deseamos que Noller, en tan poco tiempo, ya haya realizado todos los estudios necesarios como para ser tan categórico en sus conclusiones. Parece poco, pero deberemos darle crédito a su celeridad. Otra opción no nos queda. ¡Pobre indefenso planeta, cómo lo están destruyendo!

Vía | elmundo.es

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  1. Bitacoras.com 29 septiembre 2009

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