Si buscas una planta de interior que aguante lo que le eches (o lo que se te olvide), la planta ZZ es probablemente la campeona indiscutible. Su nombre científico es Zamioculcas zamiifolia, y lleva un par de décadas convirtiéndose en la favorita de oficinas, pasillos oscuros y pisos con ventanas orientadas al norte. Aguanta semanas sin riego, tolera la sombra y crece despacio pero constante.
El ficus lira (Ficus lyrata) es una de las plantas de interior más populares de la última década. Sus hojas grandes en forma de violín la han convertido en un clásico de salones y estudios. Pero también tiene fama de "dramática": cualquier cambio en su entorno se traduce en hojas amarillas, manchas marrones o caída repentina.
Hay plantas que perdonan. Y luego está la lengua de suegra. Si llevas un mes sin regarla, sigue ahí. Si la pusiste en una esquina oscura del pasillo, sigue ahí. Si te has ido tres semanas de vacaciones en agosto, sigue ahí. La Sansevieria trifasciata —ahora reclasificada como Dracaena trifasciata, aunque casi nadie la llama así— es, junto con el potos, la planta de interior más tolerante al abandono que puedes meter en casa.
Si existe una planta de interior capaz de perdonar olvidos, sequías y rincones poco luminosos, esa es el pothos (Epipremnum aureum). Originaria de las islas Salomón, en el Pacífico Sur, hoy es una de las trepadoras tropicales más vendidas del mundo. La encuentras en oficinas, baños, estanterías altas y macetas colgantes, con sus tallos cayendo en cascada o trepando por tutores de musgo.
Pocas plantas de interior han conquistado tantos salones, cafeterías y feeds de redes sociales como la Monstera deliciosa. Sus hojas enormes, brillantes y atravesadas por hendiduras parecen sacadas de una ilustración botánica del siglo XIX, y sin embargo es una compañera sorprendentemente sencilla cuando se entiende lo que necesita. Esta guía recoge, en un mismo lugar, todo lo esencial para que tu costilla de Adán crezca sana, frondosa y con esas perforaciones tan características.