Si buscas una planta de interior que perdone despistes, crezca rápido y quede bien tanto colgando como trepando, el filodendro corazón (Philodendron hederaceum) es una de las mejores apuestas. Se le sigue llamando por su sinónimo botánico Philodendron scandens, y es una arácea originaria de las selvas de América Central y el Caribe.
Si tienes una Calathea orbifolia en casa, ya sabes de qué hablamos. Un día luce enormes hojas redondas plateadas, dignas de portada de revista, y al siguiente las tiene enrolladas, caídas o con los bordes marrones. No es que la planta sea caprichosa. Es que es una tropical exigente, y su lenguaje corporal es literal.
La Dracaena marginata, conocida como drácena de Madagascar o palmera falsa, es una de esas plantas que sobreviven a casi todo: olvidos de riego, calefacción en invierno y esquinas con poca luz. Su porte esbelto, con un tronco fino y penachos de hojas estrechas, la ha convertido en un clásico del interiorismo desde los años setenta.
Pocas plantas de interior tienen la trayectoria de la cinta (Chlorophytum comosum). La ves en salones, oficinas y cocinas de medio mundo, colgando con sus hojas arqueadas y sus estolones cargados de pequeños hijos. Es resistente, barata, casi indestructible… y encima tiene un pasado científico que la puso en el mapa: apareció en el famoso estudio Clean Air de la NASA de 1989 como una de las especies capaces de reducir contaminantes del aire doméstico.
Si buscas una planta de interior que aguante lo que le eches (o lo que se te olvide), la planta ZZ es probablemente la campeona indiscutible. Su nombre científico es Zamioculcas zamiifolia, y lleva un par de décadas convirtiéndose en la favorita de oficinas, pasillos oscuros y pisos con ventanas orientadas al norte. Aguanta semanas sin riego, tolera la sombra y crece despacio pero constante.
La salvia común (Salvia officinalis) es una de esas plantas que resuelven varios problemas a la vez. Aromatiza guisos, decora un rincón soleado del balcón y aguanta veranos secos sin quejarse. Lleva siglos en huertos monásticos, boticas y cocinas del Mediterráneo, y hoy sigue siendo una elección segura tanto si empiezas con aromáticas como si buscas una planta ornamental de bajo mantenimiento.
El orégano (Origanum vulgare) es una de esas plantas que agradecen el olvido. Aguanta el calor, tolera suelos pobres y, cuanto menos la mimas, más concentra sus aceites esenciales. Por eso es una candidata perfecta para quien empieza con las aromáticas en un balcón soleado o en una esquina del huerto.