Pocas especies han sabido adaptarse tan bien al mundo humano como el zorro rojo (Vulpes vulpes). Lo encontrarás cruzando un bosque escandinavo, husmeando en un contenedor de Londres o corriendo por una duna del desierto de Arabia. Su capacidad para vivir en climas extremos y en ciudades lo ha convertido en el carnívoro salvaje con mayor distribución geográfica del planeta.
Si buscas una planta de interior que perdone despistes, crezca rápido y quede bien tanto colgando como trepando, el filodendro corazón (Philodendron hederaceum) es una de las mejores apuestas. Se le sigue llamando por su sinónimo botánico Philodendron scandens, y es una arácea originaria de las selvas de América Central y el Caribe.
Criar canarios en casa es una de las experiencias más gratificantes para cualquier aficionado a las aves ornamentales. El canario doméstico (Serinus canaria domestica) lleva más de 500 años reproduciéndose en cautividad, y hoy existen decenas de variedades de color, canto y postura. Pero que sea una práctica extendida no significa que sea sencilla: la cría exige preparación, paciencia y respeto por los ritmos del ave.
Pocas siluetas en el cielo imponen tanto como la del águila real (Aquila chrysaetos). Con una envergadura que puede rozar los 2,3 metros y un vuelo pausado sobre laderas y roquedos, es una de las rapaces diurnas más extendidas del planeta y, para muchos ornitólogos, la reina de las montañas del hemisferio norte.
Si tienes una Calathea orbifolia en casa, ya sabes de qué hablamos. Un día luce enormes hojas redondas plateadas, dignas de portada de revista, y al siguiente las tiene enrolladas, caídas o con los bordes marrones. No es que la planta sea caprichosa. Es que es una tropical exigente, y su lenguaje corporal es literal.
Pocos animales han cambiado tanto nuestra idea sobre la inteligencia como el pulpo común (Octopus vulgaris). Este cefalópodo resuelve laberintos, abre frascos con rosca y transporta conchas para usarlas como refugio. Y lo hace con un cuerpo blando, ocho brazos y un sistema nervioso repartido de una forma que ningún vertebrado comparte.
La Dracaena marginata, conocida como drácena de Madagascar o palmera falsa, es una de esas plantas que sobreviven a casi todo: olvidos de riego, calefacción en invierno y esquinas con poca luz. Su porte esbelto, con un tronco fino y penachos de hojas estrechas, la ha convertido en un clásico del interiorismo desde los años setenta.
La cobaya doméstica (Cavia porcellus) lleva más de 3.000 años conviviendo con los humanos, primero en los Andes y hoy en salones de medio mundo. Se la suele presentar como una mascota "fácil" para niños, pero esa etiqueta ha jugado en su contra: durante décadas se han vendido y alojado solas, cuando su biología dice justo lo contrario.