23 octubre 2017 Salvajes

ciervo

La sequía tiene un sin fin de consecuencias para los ecosistemas y la naturaleza en general. A la consabida escasez que acarrea hay que añadir otros efectos que pueden resultar inesperados, pero no por ello menos trascendentes. Este año, la prolongada sequía ha tenido como efecto la reducción de la temporada de cortejo de los ciervos conocida popularmente como la “berrea” y que se produce normalmente durante el mes de septiembre.

Al ciervo se suman otros animales como el gamo, que debido a esta escasez de lluvias se han visto obligados a acortar su ciclo reproductor. Las consecuencias de esta reducción temporal pueden afectar a las crías. Esto se debe a que muchas hembras de ciervo parirán “avanzado el verano que viene, cuando el pasto está más seco y los gabatos no tengan la suficiente leche“. Una situación compleja que puede afectar de forma notable a la supervivencia de las crías.

“Lo normal es que esos animales que nacen más tarde mueran o tengan raquitismo, o que las varetas sean más pequeñas y débiles, aunque ya ha pasado otros años”, señala Manuel Fernández, alcalde de Aldeaquemada, un pequeño municipio de unos 550 habitantes situado en el corazón de Sierra Morena. Pese a que esta situación no ponga en peligro a la especie, si esto esta se prolonga en el tiempo si puede llegar a afectar a los ciervos en el medio y largo plazo.

La berrea constituye un proceso de selección natural a través del cual los mejores machos consiguen a las hembras y poder así transmitir los mejores genes a la siguiente generación. Todo este proceso supone un enorme desgaste para los ciervos, que en ocasiones pueden acabar malogrados tras la berrea. Lo que unido a la sequía y falta de alimento puede agravar todavía más su situación.

Fuente | Efe Verde
Fotografía | Pixabay

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