21 abril 2017 Curiosidades, Salvajes

bucardo

Aunque en muchas ocasiones la extinción de una especie animal o vegetal pueda resultarnos algo lejano o un suceso improbable, lo cierto es que es una realidad que tiene lugar frecuentemente aunque no nos demos cuenta. Tampoco se trata de un fenómeno exclusivo de épocas pasadas. En nuestra historia natural más reciente podemos encontrar ejemplos de la extinción de una especie, siendo uno de los últimos ejemplos el del bucardo (Capra pyrenaica pyrenaica).

El último de los ejemplares de esta cabra montesa ibérica murió en el año 2000, eliminando a esta subespecie de la faz de la tierra. A esta situación se llegó tras muchos años de caza salvaje y protección prácticamente nula de la especie, que llevaron a reducir las poblaciones de esta especie hasta un único ejemplar. En el caso del bucardo, las medidas de protección llegaron demasiado tarde y fueron incapaces de subsanar el daño sufrido por la especie a lo largo de los años.

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El bucardo se diferenciaba de las otras subespecies de cabra montesa por tener un pelo más largo y denso en invierno y la base más gruesa de los cuernos. Pero quizá, su elemento más distintivo era la longitud de su cornamenta, uno de los motivos por los cuales se convirtió en una especie predilecta para los cazadores. La cornamenta de bucardo era un trofeo vistoso del que presumir. Sin embargo, el último ejemplar de bucardo no murió por las balas, ya que según parece, un árbol cayó sobre esta última cabra, poniendo fin a la existencia de esta especie como tal.

Antes de llegar a esta situación se llevaron a cabo distintos proyectos para intentar salvar a esta malograda especie. Los intentos de hibridación con especies similares fueron uno de los proyectos estrella, aunque el resultando final fue un fracaso que ahondó en el problema de viabilidad en el que se encontraba el bucardo.

Uno de los últimos esfuerzos por intentar salvar al bucardo fue recurrir a la clonación. Un arduo y largo proceso que culminó con el nacimiento de un único ejemplar, genéricamente igual a su progenitor, que sin embargo murió minutos más tarde debido a un problema respiratorio. La clonación de esta especie abrió un debate entonces sobre esta especie y si podría resultar un medio efectivo para evitar la extinción de la misma.

El problema que plantea esta última cuestión es que únicamente se disponen de células de hembra de bucardo, por lo que aunque se pudiesen crear más ejemplares, no podría establecerse una colonia viable. Pero además existe otro problema, al ser clones, la reserva genética es idéntica, lo que también resultaría problemático a la hora de que la especie lograse prosperar debido a su pobreza genética.

Todo esto pone de manifiesto que los esfuerzos en proteger las poblaciones animales deben realizarse antes de llegar al punto de no retorno. Es un sinsentido invertir grandes esfuerzos, económicos y humanos, en devolver a la vida una especie de la muerte cuando existen otras tantas que necesitan protección para evitar ese siniestro destino. El bucardo es uno de los últimos ejemplos, pero existen otras especies que podrían unirse a él en los próximos años si no se actúa en consecuencia.

Fotografía | Wikimedia Commons

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