22 febrero 2016 Medio Ambiente, Salvajes

alimoche

Los cebos envenenados son una de las grandes lacras y amenazas a las que tiene que hacer frente la fauna salvaje. Su uso es peligroso y ataca indiscriminadamente a especies protegidas y vulnerables, además de que el control que se tiene sobre el veneno es cuanto menos limitado, pudiendo afectar incluso a los seres humanos. Por eso, el control y prohibición de esta práctica es una de las prioridades de las administraciones a la hora de proteger a la fauna y en general, al medio ambiente.

Ante esta situación, la Junta de Andalucía ha iniciado una serie de protocolos y actuaciones con los que ha conseguido reducir el uso de cebos envenenados en un 60% gracias inspecciones realizaras durante los últimos años. Estas actuaciones se han realizado en distintos cotos privados en los que varias unidades caninas especializadas en la detección de venenos. A lo largo de 2015 se realizaron 170 inspecciones con las que se ha conseguido reducir y castigar esta práctica.

Los planes de erradicación del uso de cebos envenenados comenzaron en Andalucía en 2004. A partir de este momento se creó una unidad especial canina especializada en detectar los venenos y que ha sido clave para la reducción de estas práctica delictiva e ilegal. Además, el plan de la Junta incluye otras medidas además de las sanciones, como campañas de prevención y concienciación social que buscan disuadir y educar a los dueños de las fincas.

Los cebos envenenados son una de las mayores causas de muertes de algunas especies animales, como los alimoches, que son especialmente vulnerables a este tipo de cebos. Sin embargo, no son los únicos, ya que otras especies como los linces ibéricos también se ven afectados por este tipo de prácticas, aunque no supongan la principal causa de muerte en esta especie.

Fuente | Efe verde
Fotografía | jorgerubio.es

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