11 agosto 2009 Curiosidades, Domésticos, Noticias

Dobermann

Hace algunos años fui atacado por un perro dobermann que, imprevistamente, se soltó de la cadena que lo tenía amarrado a un poste y se abalanzó intentando morderme en el cuello. Mi contextura física, y sobre todo mi altura, me ayudaron a retroceder sin caer al piso, mientras, desesperadamente, me defendía a golpes de puño.

Me lastimé los nudillos contra los dientes del perro, hasta que finalmente el animal logró morderme en mi muslo derecho, al mismo tiempo que yo podía coger una varilla de hierro. No quise lastimarlo, por lo que le pegué en el cuarto delantero, lo que enfureció más al animal que logró morderme varias veces más. Finalmente, apareció en escena el dueño del animal, pero empeoró la situación.

En efecto: el hombre, ya anciano y de pequeña contextura, se interpuso entre el perro y yo. El animal, enceguecido, arremetió contra su propio dueño, lo derribó y comenzó a morderle salvajemente el cuello. Recién cuando logré golpear con el hierro el hocico del animal, éste soltó a “su presa” y se volvió hacia mí. Luego de varios golpes que pude acertarle, el dobermann se retiró tambaleante. Esa fue la primera, y única vez que golpeé a un animal. Afortunadamente el hombre salvó su vida. Algunas leves cicatrices que quedaron en mis piernas, me hacen recordar aquel dramático momento. Los veterinarios recomendaron el sacrificio del animal, pero el dueño no aceptó la sugerencia. Nunca más volví a saber nada del perro y su dueño.

Con cierta asiduidad, los medios de prensa se ocupan de perros furiosos que atacan a personas provocándoles graves heridas e incluso la muerte. Casi de inmediato se desata la polémica sobre el destino que deberían tener los animales involucrados en los hechos, pero también el resto de los perros que muestran alguna característica agresiva. Algunas razas, las consideradas agresivas –como Rottweiler, el Pitbull o el Dogo Argentino-, son puestas en el banquillo de los acusados por la opinión pública. Ahora, una investigación de la Universidad de Córdoba, España, parece haber dictado una sentencia. En una próxima entrada os seguiré contando.

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