29 julio 2009 Curiosidades, Flora, Medio Ambiente

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Los cultivos marginados son aquellas especies de vegetales cultivadas antiguamente y ahora desbancadas por la producción agrícola comercial; hojas, tubérculos y frutas comestibles y de gran variedad que crecen de forma salvaje, sin ser aprovechados en los terrenos agrícolas de las áreas tropicales, ignorando así su potencial nutritivo y desechando toda la estructura socioeconómica que sostenía una cultura preindustrial.

Existen alrededor de 10 mil especies alimenticias de granos, tubérculos, frutos y vegetales, de las cuales tan sólo se cultiva y comercializa el 2% . El 75% de los alimentos en el mundo proviene únicamente de nueve tipos de cultivo; de los cuales, sólo el maíz, el trigo y el arroz aportan más del 60% del consumo mundial.

La industrialización y la globalización han convertido la agricultura en un negocio que produce semillas a gran escala, pero cuyos beneficios no van al agricultor, ni tampoco al consumidor. Las modernas variedades de cultivos adaptados a los químicos agrícolas han ido sustituyendo los cultivos y las economías tradicionales, en detrimento de sus estructuras socioeconómicas, el grado de fertilidad de sus suelos y el valor nutricional de su dieta. Las prácticas agrícolas de cultivos transgénicos aumentan los riesgos de erosión genéticas de los suelos de cultivo.

El aprovechamiento de los diversos recursos genéticos en las distintas zonas ecológicas podría contribuir a restablecer la seguridad alimentaria, la autonomía de la economía agrícola local, la agricultura sostenible y la conservación de la biodiversidad de los recursos.

Un ejemplo de la recuperación de la economía agrícola local fue un estudio realizado en 1994 en Mérida, Venezuela, sobre la pérdida de diversidad agrícola de la zona y la dependencia de semillas y alimentos foráneos. Para solventar la situación el estudio propuso un programa de recuperación de los cultivos marginados. En el caso de esta región el programa reintrodujo el cultivo local de la chayota, el juquián, la curuba y la malangá, especies autóctonas, antiguamente cultivadas y desplazadas del circuito agrícola comercial.

Otra parte importante del proyecto proponía el trabajo directo con los agricultores locales, incorporando las características culturales y ecológicas propias de cada región, y la realización de un programa de conservación y producción local para el desarrollo posterior de un cultivo ecológico. La incorporación de los nuevos cultivos en la dieta de la comunidad local requiere la investigación sobre los conocimientos culinarios de la cultura, la preparación de platos y recetas autóctonos con un nuevo y suculento aporte nutricional.

El programa de recuperación de cultivos marginados pretende sensibilizar a los jóvenes agricultores sobre el valor cultural y nutritivo de los antiguos cultivos, permitiendo de esa manera realizar una agricultura sostenible y en armonía con la biodiversidad y el medioambiente.

Vía | Revista la Era Ecológica

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