6 septiembre 2009 Bioficha, Curiosidades, Salvajes

morsa

También la morsa es un descendiente de una de aquellas especies de animales terrestres de sangre caliente, que en la noche de los tiempos abandonaron la vida sobre los continentes y poco a poco se adaptaron a la vida marina.

Si la ballena no puede vivir afuera del agua, en cambio la morsa ha conservado esta facultad, y cuando quiere descansar se encarama con su largo y pesado cuerpo sobre los hielos o sobre la tierra firme. Sus cuatro patas atrofiadas conservan todavía sus cinco dedos apenas perceptibles. Para sentarse repliega hacia adelante sus patas posteriores, se apoya sobre sus ancas, alarga sus aletas anteriores y así descansa.

Tiene entonces el especto de un viejo hombre meditabundo y bigotudo, siendo sus mostachos dos defensas colgantes que alcanzan de 60 a 90 centímetros de longitud. Sus ojos pequeños y su nariz parece que hayan sido empujados hacia lo más alto de la cabeza, su ancho hocico está erizado de grandes pinchos hirsutos, su cuerpo se pliega en dobleces grasientos y con la edad pierde el pelo.

Este monstruo es ciertamente uno de los más feos animales del planeta. Pero no es esto todo. Los que han visto de cerca los ojos acuosos de una morsa arponeada han descubierto una expresión de azoramiento y de contrariedad. Quizas no imaginen las morsas que semejante crueldad sea posible. Y sin embargo las largas defensas de la morsa son mucho más mortíferas que la del narval.

Cuando la morsa tiene hambre hace una profunda inspiración y bucea hasta el fondo del mar, 15 metros, 90 metros si es necesario. Colocándose verticalmente sobre su cabeza, hace que sus defensas tomen la posición horizontal y con ellas escarba el fondo del mar.

Rastrilla la vegetación, arranca las moles rocosas y reúne una mezcla de crustáceos, conchas, cangrejos, estrellas de mar, erizos y toda clase de animalitos demasiado lentos para poder huir.

De la misma manera que las ballenas y las focas, las morsas navegan también aisladas bajo el agua, pero cuando salen para ir a dormir en los huecos de los hielos o de las rocas, les gusta reunirse en manadas. El deslumbrante resplandor del hielo y su blancura a la luz del sol desaparece bajo el amontonamiento de sus cuerpos. Muchas veces son grupos de cincuenta y otras veces se cuentan por centenas. Dormidas sobre un témpano flotante recorren quizás durante su sueño más de 80 kilómetros.

Fuente | Revista Muy Interesante

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