7 septiembre 2009 Curiosidades, Paraiso Natural, Salvajes

otarias

Es el lugar más desértico del mundo, tan retirado y tan desolado que parece irreal, es un grupo de islas que limitan con el Ártico. Estas islas ocultas tras unos arrecifes batidos por las tempestades y de escarchas por las ráfagas de viento cargado de nieve y de granizo. Son cumbres de antiguos volcanes que se levantan en medio del Mar de Behring entre sí, llevan los nombres de San Pablo y San Jorge.

El capitán Pribilof, comandante de un barco de cabotaje ruso y que ha dado su nombre a este grupo de islas, seguramente debió costearlas innumerables veces sin darse cuenta de ellas. Por fin, durante el verano de 1786 en medio de una intensa niebla, su barco chocó contra un acantilado. En este momento oyó el capitán lo que él llamó una ‘dulce música’ y comprendió que habían terminado sus investigaciones.

Esta música no era, desde luego el canto de las sirenas, pero ciertamente era fabulosa. Se la hubiera podido comparar al tumulto de un millón de animales que luchasen a muerte, entrechocando al mismo tiempo sus picas. Se les oía rugir, ladrar, gruñir, llorar, cloquear. Todo este ruido era, simplemente, el de los otarios o leones marinos de piel, que se dedican a la educación de sus crías.

Estos otarios parecen que consideran las islas Pribiof como el lugar del mundo más adecuado al ejercicio de esta función y puede que lo sean. Entre los acantilados se extienden kilómetros y más kilómetros de rocas lisas, con suave pendiente, sobre las cuales se deslizan sin esfuerzo alguno los cuerpos húmedos y blandos.

El clima es también ideal, puesto que en el verano la niebla y la lluvia hacen su aparición nueve días de cada diez. Esto mantiene la piel húmeda y favorece el aislamiento. Por lo que toca a las furiosas tempestades, tienen la ventaja de alejar moscas y mosquitos que chupan la sangre. Mejor todavía, como estas islas se encuentran a unos 150 kilómetros por debajo del límite invernal de los hielos flotantes raramente reciben la visita de los osos polares. El glotón, la comadreja y el oso pardo no abandonan nunca la tierra firme.

Los arrecifes impiden el acceso a las orcas y los jóvenes leones marinos pueden tomar sus lecciones de natación sin peligro alguno. Estos animales únicamente comparten este lugar de delicias con las aves, que viven por millones en las grietas y en las hendiduras de las rocas volcánicas. Las focas y las otarias o leones marinos se alimentan de peces y no se interesan por las aves ni por sus huevos.

Fuente | Maravilla de la Naturaleza

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