20 noviembre 2009 Curiosidades, Medio Ambiente, Salvajes

marmotas

Todo animal que esté medio fuera de su madriguera se encuentra en plena seguridad. Puede mirar todo lo que pasa a su alrededor y desaparecer ni bien lo necesite. Incluido dejar que te aproximes relativamente cerca sin asustarse. La marmota de América es especialista en esta estrategia. Demasiado gruesa y desgarbada para correr aprisa, le gusta situarse en observación a la entrada de su galería, tratando incluso de esbozar una sonrisa, puerto que sabe que no hay ningún animal lo suficientemente veloz para atraparle, cuando ella desaparecerá, como por una trampa a lo largo del corredor protector, que se ha excavado en suave pendiente bajo tierra.

Si en primavera se ven aparecer montículos de tierra removida en la superficie de un campo, es que hay allí un topo dedicado a su trabajo. Este animal ciego, con su largo hocico en forma de jeta, se abre paso en el subsuelo donde vive el grillo real alacrán cebollero y gusanos blancos, avanzando a una velocidad de 5 metros por hora. De trecho en trecho, el topo empuja la tierra al exterior y el camino que ha recorrido bajo tierra se nos hace visible gracias a estos montículos. Cuando este pequeño mamífero ha descubierto y devorado una cantidad suficiente de insectos, se retira a su ‘torre abarrana’, que es una galería más profunda y allí se duerme.

Por esto es muy raro ver los topos y aquellos que pisotean las toperas para asustar a estos animalitos, pierden su tiempo, están muy bien abrigados, lejos, bajo tierra, apaciblemente dormidos.

Fuente | Revista Genios

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