10 enero 2017 Medio Ambiente, Salvajes

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Hay una expresión popular que se adapta a la perfección cuando se aplica al mundo natural. Cuando afirmamos que la naturaleza “no da puntadas sin hilo” nos referimos a que todo aquello que nos rodea tiene algún tipo de explicación y justificación. Una de las grandes evidencias que parece incuestionada es la de la reproducción sexual, pero ¿por qué optó la naturaleza por este modelo tan extendido? Este tipo de reproducción conlleva gastos ingentes de esfuerzos y energías que desafían su lógica.

Como no podía ser de otra forma, este tipo de reproducción tiene sentido y más allá de eso es una estrategia ganadora si la comparamos con otras opciones presentes en el mundo natural como la asexual. Un estudio reciente ha desvelado que los seres vivos asexuales están más expuestos a los parásitos y las enfermedades que aquellos que no lo son. Una conclusión obtenida con el estudio de las pulgas (Daphnia magna) y que resuelve esta aparente paradoja del mundo natural.

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Sobre el papel, las especies asexuales presentan una mayor ratio de nacimientos, las crías heredan el 100% de los genes de la madre y evita los procesos vinculados al cortejo. A priori todo son ventajas, entonces ¿qué causa que esta práctica no esté más extendida?. El estudio es revelador ya que las pulgas de agua pueden reproducirse tanto de forma asexual como sexual, y gracias a esta particularidad se han podido establecer las causas que condicionaron la predominancia de la reproducción sexual a nivel biológico.

Para ello se comprobaron dos poblaciones correspondientes a cada forma de reproducción de pulga de agua. A estas se les puso en contacto con un parásito habitual de esta especie animal y se comprobó el impacto que tenía en sus poblaciones. En las sexuales, únicamente el 15% se infectaba, mientras que en las asexuales el contagio se elevaba hasta el 46%. Además, la intensidad de esta infección parasitaria era mucho mayor. “Vimos que las pulgas de agua creadas sexualmente eran más de dos veces más resistentes al parásito”, detalla Stuart Auld, biólogo de la Universidad de Stirling (Reino Unido) y principal autor del estudio.

Fuente | El País
Fotografías | Wikimedia Commons

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