2 mayo 2009 Bioficha, Curiosidades, Paleontología

Gigantopithecus

El verdadero King Kong si existió y se llamaba Gigantopithecus blacki. Se trataba de una gran criatura que pesaba 500 kilos y su altura superaba los tres metros en posición erguida (el doble que el mayor de los simios de la actualidad). Si buscamos una comparación, podríamos decir que era un cruce aumentado de un gorila y un orangután.

El Gigantopithecus habitaba al sur de China y al norte de Vietnam hace unos 300.000 años. Era herbívoro y se movía muy lentamente.

Lamentablemente, de esta gran criatura solo se pudieron conservar unos cuantos dientes y algunas mandíbulas que los científicos investigan desde 1935, fecha en que los primeros molares fueron encontrados por Ralph von Koenigswald en una farmacia de Hong Kong.
¿Por qué en una farmacia? Porque durante miles de años, las cuevas que se ubican al sur de China, ricas en fósiles, han abastecido y siguen haciendo, al mercado de la medicina alternativa de Asia. Pero sin querer, también han ofrecido nuevas claves acera de este gran primate que vivió en el Pleistoceno, un periodo en el que muchos animales crecieron desmesuradamente por la falta de depredadores y por la abundancia de alimentos. Con esto podemos decir que el Gigantopithecus no es un accidente de la naturaleza sino una de sus grandes creaciones.

La gran parte de los dientes se encontraron en cuevas cubiertas de vegetación en los valles lluviosos de Guangxi. Sus más asiduos visitantes son los científicos que trabajan en el Instituto de Paleontología y Paleoantropologia de Vertebrados de Pekín, quienes tradicionalmente tienen acceso así exclusivo a los sitios de la excavación.

A mediados del siglo pasado, el anatomista Franz Weidenreich declaró que los dientes del Gigantopitheco eran humanos y esta teoría fue aceptada durante bastante tiempo, hasta que se encontró una mandíbula de un simio que aún se conservaba con sus tres dientes. Después, en el año 1965, se descubrieron 12 dientes muchos mayores que todos los anteriores y otros fósiles animales a su lado, que indicaban que el yacimiento era más antiguo que la supuesta edad del giganto.

Esto dio dos alternativas: que el Gigantopithecus existía desde mucho antes de lo que se pensaba y que la especie aumento a medida fue evolucionando.

La confirmación de las dos teorías llegó en el año 1968, cuando se descubrió una especie más pequeña del Gigantopithecus blacki. Su tamaño sugería que vivía en el suelo y caminaba sobre las manos y que podría estar lejanamente relacionado con el orangután moderno, que es el único simio que aún existe en Asia.

Fuente | Revista Genios Argentina

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