3 febrero 2015 Curiosidades, Salvajes

Sapo

Nos lo hemos preguntado en muchas ocasiones. Cuando vemos a una rana y a un sapo, no sabemos diferenciarlos. Es algo más común de lo que parece, por supuesto, ya que sus características pueden llegar a parecer bastante confusas para la mayoría de la gente. Sin embargo, aquí estamos para ayudaros en el tema y explicaros las diferencias que existen.

En primer lugar, centrémonos en las ranas. Estos animales suelen tener un cuerpo ágil y esbelto, con patas largas, adaptadas convenientemente para realizar saltos enormes y precisos. Se les suele ver en el agua o cerca de ella, moviéndose a base de saltos.

En el caso de los sapos, podremos observar a animales mucho más robustos, grandes y pesados. Además, es raro verlos dentro del agua, ya que tienen una piel más rugosa y áspera que les hace ser poco dependientes del líquido elemento. La norma general es que se desplacen caminando, en vez de saltando.

Por otra parte, existen algunos detalles menores que nos pueden ayudar a diferenciar a los animales: por ejemplo, las callosidades córneas de las palmas de las manos, la forma de la pupila y las dimensiones del tímpano son diferentes. Además, las ranas tienen la conocida membrana digital (que se suele usar para nadar), lo que significa que estaremos viendo un sapo si no lo poseen.

Hay una cosa que os permitirá diferenciar a las ranas de los sapos: la experiencia. Si queréis conocer las diferencias de una manera exacta, podréis conseguirlo habiéndolo hecho muchas veces. Sin duda, el método más eficaz.

Foto | Pixabay – PublicDomainPictures

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