30 septiembre 2009 Curiosidades, Flora

bonsai

En un lejano país, hace mucho tiempo había un hombre que de tanto amar la vida quiso regalar la suya. No tardó mucho tiempo en darse cuenta, que a pesar de su empeño era casi imposible. Por más que pensaba no encontraba la forma de hacerlo. Mucho tiempo pasó entre la desilusión y el desaliento, pues nada de lo que se le ocurría le satisfacía plenamente.

Hasta que por fin llegó a la solución, venia de manos de unos misioneros budistas chinos y se llamaba pen – zin (que quiere decir ‘pequeño árbol enano’ en el idioma de aquel país oriental). Las gentes del Sur de aquellas grandes tierras acostumbraban a rescatar del monte los árboles ya empequeñecidos por falta de condiciones adecuadas para su desarrollo. Les proporcionaban entonces todos los cuidados necesarios para mantenerlos vivos, aunque enanos.

Dio esto lugar a toda una serie de técnicas de cultivo y mantenimiento, a una verdadera cultura, que fue complementada por las gentes del Norte, que se dedicaron a conseguir artificialmente las formas más armoniosas para estos arbolitos. Se dice que esta práctica empezó en China hace ya veinte siglos. Pero estos inicios son un tanto oscuros y las primeras pruebas que tenemos de su existencia corresponden a unas pinturas y comentarios encontrados en rollo de escritura ‘kanji’ anteriores al siglo XII.

Todas las verdaderas obras de arte son escaleras hacia el cielo, nos enuncia la filosofía Zen. Fue por ello que nuestro hombre, habitante de cierta isla de Japón, no lo pensó dos veces. Así, decidió dedicar su vida a cultivar una de estas pequeñas obras de arte viviente, a la que llamó bonsái, para entregarla, al final de sus días, a su emperador (máxima autoridad religiosa en Japón).

De haber sido cierta esta historia, tal podría haber sido el inicio de la esplendida y espectacular colección imperial de bonsái, gran parte de la cual se encuentra en el palacio imperial de Tokio. Los más preciados y antiguos bonsái –algunos con más de 500 años de vida- pueden ser admirados. Aunque algunos tengamos que conformarnos con hojear el magnifico y cuidado volumen llamado ‘The Imperial bonsái of Japan’ de difícil adquisición, ya que su ultima edición, fechada en Tokio es del año 1976.

Durante siglos, el cultivo del bonsai fue patrimonio exclusivo de las manos de artistas especializados y expertos aficionados. Ellos descubrieron con gran paciencia, la mejor forma de educar las ramas y troncos, podar raíces, eliminar ramas superfluas, pinzar yemas, etc.

Fuente | Revista Muy Interesante

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