2 octubre 2017 Salvajes

ciervo

La llegada del otoño ofrece uno de los espectáculos naturales más singulares que pueden observarse en estas fechas. Los sonidos que lo rodean y su impacto visual crean un marco único para contemplar el fenómeno de cortejo del ciervo. La conocida como berrea es un evento que llega a finales de septiembre en el que estos animales compiten por la atención de las hembras con el objetivo de conseguir reproducirse.

El singular nombre de “berrea” se debe al potente ruido gutural que emiten los machos de ciervo y que resuena por los campos. Por un lado, es un de desafío para los posibles competidores y por otro, constituye una llamada de atención para todas las hembras que estén receptivas. Este proceso se repite de forma creciente, aumentando su intensidad hasta su clímax, que suele transformarse en las peleas de cornamentas que son tan popularmente conocidas.

La berrea constituye un proceso de selección natural a través del cual los mejores machos consiguen a las hembras y poder así transmitir los mejores genes a la siguiente generación. Todo este proceso supone un enorme desgaste para los ciervos, que en ocasiones pueden acabar malogrados tras la berrea. En algunos casos excepciones, los machos pueden llegar a morir enganchados los unos con los otros por sus cornamentas, aunque este tipo de situaciones no son frecuentes.

De la misma forma que este fenómeno se inicia gradualmente, la intensidad de la berrea poco a poco se va disipando para dejar paso a la normalidad. Los machos retoman su vida normal y se dispersan, mientras que las hembras pastan de cara a coger fuerzas para poder dar a luz y alimentar a sus futuros retoños. Una de las consecuencias más evidentes del fin de la berrea es el desprendimiento de la cornamenta de los machos, que una vez finalizada la temporada de cría pierde por completo su utilidad.

Fotografía | Wikimedia Commons

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