21 noviembre 2009 Flora, Medio Ambiente

arboles

En los bosques, los árboles concentran el crecimiento hacia arriba para alcanzar la luz del sol; pero, cuando se encuentran en espacios abiertos como los campos o los setos vivos, las ramas más bajas también se desarrollan y crecen hacia el exterior para recibir los rayos solares. Un árbol en solitario puede desarrollarse hasta lograr su propia forma individual.

A través de la historia, siempre ha constituido un placer para la gente el lograr el crecimiento de nuevos tipos de árboles. Ya en el año 1200 a C, Ramsés, uno de los muchos faraones amantes de los jardines, ordenó plantar árboles y arbustos, para que ‘las personas se sentasen a su sombra’. Como ocurre con todo, también han existido modas para los árboles.

En la Europa del siglo XVII, se extendió la usanza de recortar los árboles, tales como el boj y el tejo, que eran podados en ‘forma de animales’ o a modo de ‘pirámides o pan de azúcar o seta’. A medida que la gente viajaba y descubría nuevas tierras, traiga consigo nuevas plantas y numerosos árboles llegaron a adaptarse perfectamente cuando fueron trasplantados a lugares muy diferentes de su suelo nativo.

La moda tenía poca importancia para los cultivadores, cuyo interés se dirigía hacia los setos robustos y los árboles madereros. Los espinos blancos siempre podados resultaban ser unos buenos setos, mientras que el roble y el olmo se les permitió crecer para aprovechar su madera.

Hasta un árbol de naturaleza enjuta como es el pino escocés tomará una forma más achatada y redonda si se le deja un poco de espacio. Cualquier tipo de árbol que crezca en solitario tiene más probabilidades de convertirse en un hermoso ejemplar, que otro se esté acompañado. En otros tiempos, ciertos árboles viejos de gran belleza y notables por su tamaño, eran utilizados como marcas de fronteras o mojones locales.

Fuente | Los árboles – Plaza y Janes

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