29 Oct

Serpientes venenosas

vibora

A la salida del sol, un mocasín, terrible víbora acuática aparece en la orilla. Mide entre 1.20 y 1.50 metros de largo, puede arrojarse en el hoyo de un matojo de hierba y emboscarse allí, invisible al acecho de ratas almizcleras, de serpientes de coral o de cualquier otra presa codiciada.

Si se presenta un animal, un mocasín levanta inmediatamente su cabeza triangular y abre su garganta, dejando al descubierto su interior, blanco como el algodón. Toda criatura viva cerca de esta garganta abierta se halla en peligro.

El mocasín puede también permanecer bajo el agua al acecho de un pez o de una rata. Pero esté donde esté, no hay nada que nos indique el lugar donde se esconde, listo para abrir su garganta.

El surucucú, uno de los más temibles reptiles del mundo, añade al poder de su veneno el de su fuerza muscular. Su cuerpo grueso de unos 3 metros de largo, no necesita enroscarse para dar un golpe mortal, y todavía parece más terrible cuando se desplaza en línea recta.

La mayor parte de las serpientes sólo puede avanzar en línea sinuosa. El surucucú también emplea este método cuando tiene prisa, pero cuando se desliza traidoramente hacia su presa, prefiere mantener su cuerpo alargado como una letra ‘I’, lo mismo que hace la serpiente pitón de la India y la enorme boa constrictora de los trópicos. Bajo su vientre, unas escamas inclinadas hacia atrás se agarran al suelo y le impiden todo movimiento.

Fuente | Revista Genios


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